La compañía presenta dos nuevos dispositivos con inteligencia artificial capaces de escuchar conversaciones, recordar compromisos y generar resúmenes. Una tecnología prometedora que abre un inquietante debate: ¿qué sucede cuando la persona que tenemos enfrente no sabe que está siendo escuchada por una IA?
La inteligencia artificial está dando un paso más en nuestra vida cotidiana. Ya no se trata únicamente de abrir una aplicación, escribir una pregunta y esperar una respuesta. Ahora empieza a acompañarnos físicamente, a escuchar lo que sucede a nuestro alrededor y a recordar las conversaciones que mantenemos durante el día.
Amazon presentó este jueves 15 de octubre dos nuevos dispositivos de su marca Bee, adquirida por la compañía en 2025, que representan precisamente esta evolución tecnológica.
Se trata de Bee Frontier, una pulsera inteligente que también puede colocarse en la ropa, y Bee Eclipse, un pequeño accesorio magnético que se acopla a la parte trasera del teléfono móvil.
Su funcionamiento es tan sencillo como sorprendente: cuando el usuario los activa, sus micrófonos pueden captar conversaciones, procesarlas mediante inteligencia artificial y convertir la información relevante en recordatorios, resúmenes y tareas pendientes.
Pero detrás de esta evidente utilidad aparece una pregunta que merece una reflexión mucho más profunda: ¿tenemos derecho a decidir que una inteligencia artificial escuche nuestras conversaciones cuando en ellas también participan personas que desconocen que están siendo registradas?
Dos dispositivos que prometen recordar lo que nosotros olvidamos
El primero de los nuevos productos es Bee Frontier, una pulsera equipada con dos micrófonos, resistencia al agua IP67 y una autonomía de hasta siete días. Su precio anunciado es de 74,99 dólares.
El segundo, Bee Eclipse, tiene aproximadamente el tamaño de una tarjeta de crédito, se coloca magnéticamente detrás del smartphone y ofrece más de 21 días de autonomía. Su precio será de 99,99 dólares.
Frontier ya se comercializa en Estados Unidos, mientras que Eclipse llegará próximamente. Por ahora, Amazon no ha confirmado una fecha de comercialización en España.
Ambos dispositivos están diseñados para convertirse en asistentes personales capaces de recordar información de nuestras conversaciones cotidianas.
Imaginemos que durante un café acordamos una reunión para el próximo martes, comentamos que debemos llamar al dentista o hablamos de las tareas pendientes de un proyecto. La inteligencia artificial puede identificar esos compromisos y organizarlos sin necesidad de que introduzcamos manualmente los datos en una aplicación.
Amazon también ha anunciado integraciones con servicios de correo electrónico, calendarios y su asistente Alexa+, además de funciones comerciales vinculadas a su plataforma de compras.
La compañía ofrece funciones básicas con 14 días de memoria y una suscripción Bee Pro de 11,99 dólares mensuales que amplía las capacidades del servicio.
La propuesta resulta atractiva: disponer de una especie de memoria digital que nos acompañe durante el día.
Sin embargo, su utilidad no elimina las dudas que plantea su funcionamiento.
El verdadero problema de privacidad no está necesariamente en quien compra el dispositivo
Cuando hablamos de privacidad tecnológica solemos centrar el debate en el propietario del dispositivo.
¿Sabe qué información recopila? ¿Ha aceptado las condiciones del servicio? ¿Puede eliminar los datos almacenados? ¿Conoce dónde se procesan sus conversaciones?
Son preguntas importantes, pero existe otra mucho menos habitual y quizá más preocupante.
¿Qué ocurre con la privacidad de las personas que hablan con alguien que lleva uno de estos dispositivos?
Imaginemos una situación perfectamente cotidiana.
Quedamos con un amigo para tomar un café. Durante la conversación le contamos que estamos atravesando dificultades económicas, que tenemos un problema familiar o que estamos pensando en cambiar de trabajo.
Nuestro amigo lleva una pulsera Bee activada.
Sin que nosotros lo sepamos, un sistema de inteligencia artificial podría estar procesando la conversación y extrayendo información de lo que acabamos de contar.
El propietario de la pulsera ha decidido utilizar el dispositivo. Ha aceptado sus condiciones y conoce sus funciones.
Pero nosotros no hemos decidido nada.
No hemos contratado el servicio, no hemos aceptado sus condiciones y posiblemente ni siquiera sepamos que existe un dispositivo escuchando.
¿Es razonable que la decisión tecnológica de una persona afecte a la intimidad de quienes se relacionan con ella?
Esta es, probablemente, una de las cuestiones más importantes que plantea la llegada de los nuevos asistentes personales con inteligencia artificial.
Amazon asegura que no conserva las grabaciones, pero eso no resuelve todo el problema
La compañía ha incorporado diferentes mecanismos destinados a proteger la privacidad.
Según explica Amazon, estos dispositivos no almacenan permanentemente las grabaciones de audio originales. El sonido se procesa y posteriormente se elimina.
También incorporan un botón para activar o desactivar la escucha, una luz indicadora y sistemas de cifrado para proteger las transcripciones y los resúmenes. El usuario puede eliminar la información conservada.
Son medidas de seguridad relevantes que conviene reconocer.
Pero existe una diferencia fundamental entre eliminar una grabación y eliminar la información que se ha obtenido de ella.
Una conversación puede desaparecer como archivo de audio y, sin embargo, permanecer parcialmente reflejada en un resumen, una transcripción o un recordatorio.
Si contamos a otra persona que estamos buscando empleo, una inteligencia artificial podría conservar esa información aunque ya no exista la grabación original.
Por tanto, no almacenar el sonido no significa necesariamente que desaparezcan los datos personales extraídos de la conversación.
Y aquí surge otra pregunta: ¿cómo puede una persona solicitar la eliminación de información sobre ella si ni siquiera sabe que ha sido procesada?
Amazon señala que sus dispositivos muestran una luz cuando están funcionando y que los usuarios reciben indicaciones para solicitar permiso a los participantes.
Pero una pequeña señal luminosa difícilmente garantiza que todos los presentes comprendan su significado.
Mucho menos cuando estos aparatos empiezan a adoptar formas tan habituales como una pulsera, un broche o un accesorio del teléfono.
¿Es legal grabar una conversación sin avisar en España?
La respuesta exige distinguir situaciones diferentes.
En España, grabar una conversación en la que uno mismo participa no constituye automáticamente una vulneración del secreto de las comunicaciones, aunque los demás interlocutores desconozcan que se está realizando la grabación.
Sin embargo, esto no significa que cualquier utilización posterior de esa información sea legal.
No es lo mismo grabar una conversación propia que captar comunicaciones ajenas, difundir información privada o utilizar sistemáticamente datos personales con finalidades comerciales o profesionales.
También resulta importante distinguir las actividades estrictamente personales o domésticas de los tratamientos realizados en contextos empresariales, donde pueden existir obligaciones específicas derivadas del Reglamento General de Protección de Datos.
Por ejemplo, el uso de un dispositivo de estas características durante una reunión comercial, una entrevista laboral o una consulta médica podría suscitar importantes cuestiones sobre la confidencialidad y el tratamiento de los datos.
La posibilidad técnica de registrar una conversación no equivale, por sí sola, a tener autorización legal para utilizar toda la información obtenida.
Europa ya está advirtiendo sobre este nuevo riesgo
Curiosamente, apenas dos días antes de la presentación de los dispositivos de Amazon, el Comité Europeo de Protección de Datos publicó, el 13 de octubre de 2026, una declaración sobre los riesgos para la privacidad asociados a las gafas inteligentes.
Estos dispositivos pueden incorporar cámaras y micrófonos capaces de captar información de otras personas sin que sean conscientes de ello.
El organismo europeo advierte especialmente de los riesgos existentes en lugares sensibles, como hospitales, centros educativos y entornos laborales.
Aunque el pronunciamiento está referido específicamente a las gafas inteligentes, plantea preocupaciones que también resultan pertinentes para otros dispositivos portátiles capaces de captar conversaciones.
Estamos ante un problema que las autoridades tendrán que seguir abordando a medida que la inteligencia artificial se incorpore a objetos cada vez más discretos y cotidianos.
De recordar nuestras conversaciones a recomendarnos qué comprar
Existe otro aspecto de la presentación de Amazon que tampoco debería pasar inadvertido.
La compañía ha anunciado la posibilidad de conectar estos dispositivos con Amazon.com para recibir recomendaciones de compra relacionadas con información que el usuario haya mencionado durante sus conversaciones.
Pensemos en una situación sencilla: comentamos que necesitamos comprar una cafetera, renovar nuestro ordenador o adquirir algún producto para el hogar.
Con esta integración opcional, el asistente podría ayudarnos posteriormente a encontrar esos artículos.
Desde el punto de vista de la comodidad, la propuesta tiene sentido.
Pero también abre un nuevo escenario comercial.
Hasta ahora, los buscadores conocían las consultas que escribíamos. Las redes sociales aprendían de nuestras publicaciones, intereses e interacciones. Las plataformas comerciales analizaban nuestras búsquedas y compras.
Ahora aparece una tecnología capaz de interpretar aquello que decimos en nuestras conversaciones cotidianas.
Esto no significa que Amazon esté vendiendo las grabaciones o utilizando sin autorización las conversaciones para publicidad. La compañía presenta estas integraciones como funciones opcionales y acompañadas de controles de privacidad.
Pero sí obliga a plantear una cuestión de fondo: ¿hasta qué punto queremos que nuestras conversaciones se conviertan en información susceptible de generar recomendaciones comerciales?
La inteligencia artificial ambiental: el siguiente gran cambio tecnológico
Los nuevos dispositivos Bee representan una tendencia que probablemente veremos desarrollarse durante los próximos años: la llamada inteligencia artificial ambiental.
Es decir, sistemas que dejan de depender exclusivamente de una pantalla y empiezan a integrarse en nuestro entorno.
En lugar de acceder a un asistente para formularle una pregunta, tendremos asistentes que podrán acompañarnos, interpretar determinados contextos y ofrecernos ayuda sin necesidad de escribir instrucciones continuamente.
Las posibilidades son enormes.
Pueden mejorar la organización personal, facilitar el trabajo, ayudar a recordar instrucciones o resultar especialmente útiles para personas con determinadas dificultades de memoria.
Sería un error ignorar esas ventajas.
Pero también sería un error asumir que todo avance tecnológico debe incorporarse a nuestra vida sin establecer límites.
La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria sin que ello implique normalizar que nuestras conversaciones sean procesadas por dispositivos cuya presencia o funcionamiento desconocemos.
La privacidad de los demás también debe importar
El principal desafío de esta nueva generación de asistentes no consiste únicamente en proteger los datos de sus propietarios.
Consiste también en respetar a quienes comparten espacios y conversaciones con ellos.
Una persona puede decidir libremente utilizar un dispositivo para registrar sus propias ideas, organizar su agenda o recordar sus compromisos.
Lo que merece una reflexión diferente es que ese mismo dispositivo pueda procesar información privada de otras personas que no han tenido oportunidad de decidir.
No se trata de rechazar la innovación, sino de establecer unas reglas de convivencia razonables para una tecnología que empieza a incorporarse silenciosamente a nuestra vida cotidiana.
Porque hasta ahora nuestra principal preocupación era qué información compartíamos voluntariamente con las grandes plataformas tecnológicas.
Con estos nuevos dispositivos aparece una situación distinta: podemos terminar compartiendo información con una inteligencia artificial simplemente por hablar con alguien que la utiliza.
La gran pregunta ya no es solamente si queremos que la inteligencia artificial nos escuche. Es si tenemos derecho a negarnos a que nos escuche la inteligencia artificial de los demás.
Y esa es una conversación que deberíamos empezar a tener cuanto antes.
Esta semana, en el programa La mañana de COPE Canarias, hablamos sobre la utilidad y también la controversia alrededor de estos dispositivos:
Transcripción:
[Roberto González]
Las nuevas tecnologías, porque miren, no paramos de encontrar noticias que tengan que ver con esto. Miren, una cuestión que parece sacada de una película de ciencia ficción, bueno, como tantas que nos llegan últimamente, ¿verdad? Amazon acaba de presentar una pulsera capaz de escuchar nuestras conversaciones y recordar automáticamente lo que hemos dicho, las citas que hemos acordado o las tareas que tengamos pendientes.
Vaya, que ya no hay que apuntar nada. Bueno, hablamos con Josué Fumero, director de internetisimo.com. ¿Qué tal, Josué? Buenos días.
[Josué Fumero]
Hola, qué tal, buenos días. Pues sí, de verdad que es sorprendente esta pulsera, ¿no?
[Roberto González]
Esto es como tener una memoria externa, pero no del teléfono, sino nuestra.
[Josué Fumero]
Claro, es que encima esto, bueno, lo primero es que resuelve nuestro problema de estar apuntando las cosas, ¿no? Con esto ya, como estamos todo el tiempo yendo, ¿no? Y después ya la inteligencia artificial interpreta todo lo que se ha oído, sacando la información necesaria, ya sea citas, ya sea recordatorios, ya sea lugares que nos han dicho en esas conversaciones que tenemos a lo largo del día, pues al final entiendo la utilidad de esta pulsera, ¿no?
[Roberto González]
Pero a ver, la pulsera está escuchando todo lo que dices todo el tiempo.
[Josué Fumero]
Correcto.
[Roberto González]
Pero bueno, pues yo no sé si a mí me daría gracia eso, porque también uno dice muchas tonterías a lo largo del día, ¿eh?
[Josué Fumero]
Bueno, bueno, pero incluso, mira, voy más lejos. Está claro que tú, como llevas la pulsera, estás consintiendo eso, ¿no? De recopilar.
Pero la otra persona que está delante, imagínate que te cuenta un problema médico, que te cuenta un chisme de otra persona, ¿no? ¿Hasta qué punto esa información no está aceptada por la privacidad? Pregunto.
[Roberto González]
O sea, te lleva como una especie, te compone una especie de diario, no sólo de lo que tú tienes que hacer o lo que cuentas, sino lo que te cuentan a ti, ¿no? O sea, esto es tremendo. O sea, claro, por lo pronto, eso de un día tenemos que hacer por vernos, oye, a ver cuándo quedamos, que hace tiempo que no nos vemos, tenemos que quedar un día, vamos a comer juntos y tal, y claro, el aparatito te recordará la semana siguiente.
Te recuerdo que hace una semana habías quedado con fulano en que ibas a ir a comer y todo esto, ¿no? Por ejemplo, ¿no?
[Josué Fumero]
O no, mira, te hice una típica discusión con tu pareja, ¿no? Yo te dije la semana pasada que tal, tal, tal, y perdona, perdona que tengo aquí grabado lo que tú dices.
[Roberto González]
Bueno, bueno, esto amplía el mundo de posibilidades. Mira, a los que tenemos mala memoria nos viene genial, porque claro, te quedas sin argumento, entonces ahí ya buscas el día y lo tienes ahí, ¿no? Tremendo.
Y hay una que es un ladrillo, una pulsera y otra que es como un ladrillo, ¿suebe?
[Josué Fumero]
Sí, sí, son dos tipos de dispositivos. Uno tiene unos más económicos que el otro, 75 y 100 dólares. También decir que en España todavía no está a la venta, ¿vale?
Y luego, claro, también entiendo yo que al estar en Estados Unidos eso forma parte de las leyes en Estados Unidos, pero aquí en España, pues mira, la pregunta que nos podemos hacer es ¿es legal grabar conversaciones sin permiso de otra persona? Y en principio no es automáticamente ilegal, es una cosa que me ha sorprendido averiguando un poquito el tema, porque el Tribunal Supremo ha establecido que esto por sí solo no es el secreto de comunicaciones, ¿no? Es curioso.
[Roberto González]
Hombre, pero no sé yo, claro, no sé, en el día a día, hombre, uno habla con libertad, no sé, tener todo grabado yo creo que cohíbe, ¿no?
[Josué Fumero]
Sí, y luego, claro, Amazon está diciendo que estas conversaciones no las va a guardar, pero va a dejar 14 días para que los datos que se han almacenado, o se han sacado de esas conversaciones, estén disponibles.
[Roberto González]
Esto va a la nube, esto va a una nube.
[Josué Fumero]
A una nube de ellos, y a una inteligencia artificial que ellos han hecho, de la cual recuerdo que tienen una demanda encima, que es lo de… han demandado a Alexa, ¿no?, que al final es Amazon, por todas las cosas que se han dicho en Alexa, ¿no? Alexa es un dispositivo que ha servido más de un desahogo para muchas personas, ¿no?
Y con datos sensibles, lógicamente.
[Roberto González]
O sea, ¿que hay gente escuchando mis conversaciones con Alexa?
[Josué Fumero]
Puede ser, y puede ser que lo que tú has dicho esté guardado, y no sé yo, con qué fines pueden ser utilizados.
[Roberto González]
O sea, ni siquiera con Alexa, porque Alexa también está escuchando todo el rato, ¿no?, digamos, cuando tú hablas con ella, o sea, puede que te estén escuchando… No, por ejemplo… Yo no tengo en la cocina, imagínate las conversaciones, las charlas y las discusiones y de todo, ¿no?
[Josué Fumero]
Bueno, después te sorprende cuando tú estés hablando de una pastilla para el colesterol y cuando entras a navegar te aparece la primera pantalla, la pastilla del colesterol…
[Roberto González]
Me ha pasado a veces. Me ha pasado a veces, efectivamente. Mira, una vez hablando de lanchas motoras, más lejos de comprarme una lancha motora, pero no sé por qué a alguien cojona que le estuvimos dando un barco de lanchas motoras.
Y me salió una publicidad poco, pues de… sí, de lanchas motoras. Oye, ¿esto qué es ¿no? Y tiene que ver con eso, claro.
[Josué Fumero]
Imagínate, Roberto, ahora, quedar con alguien y tú lo primero que le pregunto es si tiene alguna pulseja, ¿no?
[Roberto González]
Pero ojo, pero ojo, Josué, que esto ya se está dando un poco porque ya más de uno se habrá encontrado con algún amigo que lleva estas gafas inteligentes que te pueden grabar y tal, y tú le dices, oye, pero todo esto habrá… Dice, no, no, tranquilo, si grabo tiene una lucecita que… sí, pero ya no… yo por lo menos ya no te sientes… no, no te hace gracia, ¿no? O estás en una reunión de amigos…
[Josué Fumero]
O en la playa, en una playa, una mujer haciendo topless y le están fotografiando y grabando y utilizando esas gafas…
[Roberto González]
Sí, o tú en bañador, no hace falta que… porque no apetece que me esté viendo… Exactamente, o me vengo a ver a que la gente me vea en bañador aquí o que… pero no que… claro, no, no, no, esto es complicado, o en una fiesta, que estás en una fiesta y tal, y de repente un montón de gente con estas gafas, ¿no? Grabándolo todo… no, no… yo creo que todo esto…
[Josué Fumero]
Yo creo que estás pasando de determinadas líneas rojas que sería interesante tenerlas ya presentes para poner límites, ¿no? Porque está claro que ya parece que sales a la calle y estás expuesto a que toda la información que puedan recopilar de ti, ya sea conversaciones o fotos, esté de manera pública, ¿no?
[Roberto González]
Claro, y está esa pasión por conservar, esa especie de síndrome de diógenes de las fotografías, esas fotografías que tendremos mil, que no nos va a dar tiempo a ver todas las fotografías que hemos sacado con los móviles, ¿no? Y extenderlo también a nuestras conversaciones, que va a ocurrir lo mismo, ¿no? Pero esa forma de clasificar, de ir a buscar, de querer conservar cada cosa, ¿no?
Mira, a mí me pasa ahora, a lo mejor no sé si a ti te pasa, Josué, que cuando veo a veces un correo que he escrito entre amigos, ¿no? Cuando se escribían correos en su momento, ¿no? Hace diez años.
Ahora lo leo y no me veo reflejado en esa conversación. No me veo yo.
[Josué Fumero]
Claro, eres otra persona también, otras circunstancias, otras experiencias. Y luego eso también, como digo yo, ¿qué va a hacer ahora este escuchador de Amazon? Se supone que no es que traslade todo lo que has dicho a lo largo del día, sino que él va a recopilar los datos importantes.
Pero si malinterpretan eso, Robert, ¿a quién le echamos la culpa, no? Y luego, no sé, estamos hablando también de que esto va a ser carga de prueba para cualquier demanda, cualquier conflicto que tengas con otra persona, ¿no sé?
[Roberto González]
Tendrás la obligación de demostrarlo. Habrá una autorización judicial para entrar en todas tus conversaciones. Tremendo.
Esto es el gran hermano. Lo que se diferenciaba del gran hermano de esto, de Orwell, era que ahí había un Estado que era quien imponía determinados mecanismos de control. Y aquí lo curioso es que nosotros estamos autoimponiéndonos esos mecanismos, adaptando esos mecanismos y pagando por ellos.
Ojo, ¿cuánto cuesta la pulserita esta? O el ladrillo, entre cien euros…
[Josué Fumero]
Sí, pero este aparatito tampoco es una invención del ayer para hoy. Este aparatito ya está existiendo. Hay algunos dispositivos que…
¿Cuál es el coste realmente? No es tanto el aparatito, sino la mensualidad de IA que tienes que pagar. Que eso también se lo digo a la gente que lo tenga en cuenta.
Dile, mire, que esto no es que valga 75 euros. Esto va a costarte al mes 30, 40, 50 euros. Porque la IA es la que realmente está trabajando detrás, ¿no?
[Roberto González]
Sí, sí, sí, claro. Encima eso te obliga. Por eso que al final no es alguien que te lo impongas.
Algo que tú mismo adoptas, pagas y te gastas un dinero en eso. En fin, cabría pensar… Yo, por ejemplo, a mí esto de las gafas no me hace nada de gracia.
[Josué Fumero]
Ayer vi un anuncio y están cada vez bajando más de precio. Ahora tenemos antes de poco el black friday. Hay mucha gente guardándose unas perritas para atacar a esos días.
Y te digo, ya hablaremos más adelante de todas las cositas que están saliendo. Pero una de las cosas es las gafas. Gafas a muy buen precio, por cierto.
[Roberto González]
Bueno, pues ahí está nuestra intimidad. Cada vez más cara, aunque las gafas cada vez son más baratas. O precisamente por eso y por todos estos dispositivos.
Josué Fumero, no dejas de sorprenderme. Josué, director de Internetísimo.com. Muchas gracias y un abrazo, amigo.
[Josué Fumero]
Saludos, Roberto. Un abrazo.







