La suplantación de identidad digital se ha convertido en una de las técnicas más comunes y eficaces utilizadas por los ciberdelincuentes para robar datos personales y financieros. Estos ataques —que pueden llegar en forma de correos electrónicos, mensajes SMS o incluso llamadas telefónicas— a menudo se disfrazan de comunicaciones oficiales, generando una falsa sensación de seguridad en las víctimas.
Cómo funcionan los engaños
Los estafadores emplean métodos de ingeniería social para ganarse la confianza de la persona objetivo. Por ejemplo, pueden enviar un correo que parece provenir de una entidad confiable —como una administración pública, un banco o un servicio de mensajería— alertando de un problema urgente y solicitando datos personales o pulsar un enlace fraudulento.
Este tipo de ataques puede presentarse de varias maneras, entre las que destacan:
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Phishing, donde un correo parece legítimo pero lleva a un sitio web fraudulento diseñado para robar credenciales.
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Smishing, que usa mensajes de texto que parecen proceder de empresas conocidas para incitar a la víctima a revelar información confidencial.
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Vishing, estafas que utilizan llamadas telefónicas para presionar a la víctima a entregar datos sensibles o incluso grabar respuestas afirmativas que luego son usadas para validar acciones fraudulentas.
En todos estos casos, lo que buscan es explotar la confianza del usuario para desencadenar comportamientos imprudentes, como facilitar contraseñas, números de tarjetas o acceder a enlaces maliciosos.
Casos reales y evolución del fraude
Los ejemplos de suplantación de identidad son diversos y cotidianos: desde un correo que informa sobre un presunto problema con la entrega de un paquete hasta un SMS que advierte de un supuesto bloqueo de cuenta bancaria. Estos mensajes juegan con la urgencia y el miedo de la persona para conseguir que actúe sin reflexionar, lo que aumenta las probabilidades de que caiga en el engaño.
Además, la tecnología actual —incluida la inteligencia artificial— facilita la creación de fraudes cada vez más sofisticados. Hoy en día, es posible clonar voces o generar contenido falso realista que simula ser de familiares o entidades confiables, dificultando la identificación de estafas incluso para usuarios con experiencia.
¿Cómo protegerse?
La clave para evitar estos fraudes reside en desarrollar una actitud crítica ante cualquier comunicación inesperada que solicite información personal o financiera. Algunas buenas prácticas incluyen:
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Verificar siempre la procedencia de un correo, mensaje o llamada antes de responder o hacer clic en un enlace.
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Evitar proporcionar datos sensibles sin confirmar primero la autenticidad de la solicitud.
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Utilizar mecanismos de seguridad como la autenticación de múltiples factores y mantener los sistemas actualizados.
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Consultar fuentes oficiales o llamar a números de contacto confiables si hay alguna duda.
La suplantación de identidad no solo provoca pérdidas económicas, sino también daños a la reputación y, en casos extremos, puede facilitar otros delitos como el robo de cuentas o la extorsión. Por eso, conocer cómo operan estos engaños y qué medidas aplicar para combatirlos es esencial para cualquier usuario en el entorno digital.
Esta semana, en el programa La mañana de COPE Canarias, hablamos sobre este riesgo y cómo podemos protegernos







